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Los nexos entre populismo y autocracia

Los gobiernos autoritarios pueden provenir de diferentes ideologías o carecer de sustento ideológico, pero a menudo se caracterizan por concentrar el poder, anular la independencia de las cortes, hostigar a la prensa independiente y perseguir a opositores políticos.

Redacción CAP

Los liderazgos populistas experimentan un auge global, una tendencia de la cual no escapa Centroamérica. Este fenómeno genera factores de riesgo para las democracias de la región. Los gobernantes populistas tienden a impulsar una narrativa en la que se plantea a la política como una lucha entre “el pueblo y sus enemigos”, lo cual erosiona el pluralismo político y puede conducir a formas de gobierno autoritarias.

Así lo explicó la especialista Guadalupe Salmorán en la doceava sesión de los Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP) sobre Democracia en Centroamérica. 

Salmorán, quien es investigadora de tiempo completo del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIJ-UNAM) y doctora en Teoría Política por la Universidad de Turín, Italia, realizó un repaso de las características fundamentales de los liderazgos populistas y sus tendencias autocráticas. 

A partir de la retórica populista, las voces disidentes son anuladas. Un líder populista se arroga el poder de hablar en nombre de ese pueblo. Y convierte a cualquier voz disidente en un rival irreconciliable, explicó Salmorán.

“Cuando esta visión [populista] es radicalizada supone problemas para las democracias, es problemática para los presupuestos de la misma forma de gobierno de las democracias”, dijo la especialista. 

¿Qué es el populismo?

Aunque tradicionalmente se asocia al populismo con liderazgos carismáticos y demagógicos, muchas veces vinculados a redes clientelares, hay cierto consenso académico alrededor de que lo distintivo entre los liderazgos populistas es la narrativa que utilizan -y buscan instalar- sobre la lucha entre “el pueblo y sus enemigos”. “Una lucha planteada por estos liderazgos como irreconciliable”, afirmó Salmorán.

La investigadora destacó que los líderes populistas muestran una representación del mundo político basada en el apelo constante de la “voluntad auténtica del pueblo”, presentándolo como un sujeto unitario. En esto radica su legitimación política, explicó.

Además, tienen a menudo una visión maniqueísta de la política e incluyen en su discurso la aspiración a restablecer la “soberanía popular”, eliminando a los intermediarios entre el “pueblo” y sus dirigentes, dijo Salmorán, quien es autora del libro Populismo. Historia y geografía de un concepto (IIJ-UNAM, México, 2021) en la que ahonda en el tema.

El origen del término “populismo” se encuentra en diversas formas de radicalismo rural anti-elitista, en Estados Unidos (People’s Party) y Rusia (Narodniki) en el siglo XIX, sostuvo. Sin embargo, el concepto evolucionó a lo largo de siglo XX. En el caso de Latinoamérica se asocia a movimientos de masas populares, nacionalistas, anti-oligárquicos y anti-status quo como el Peronismo en Argentina; el Varguismo en Brasil y el Cardenismo en México, remarcó.

Actualmente las estrategias populistas se dan tanto en gobiernos de partidos de la derecha, como en regímenes relacionados a movimientos o partidos de izquierda, dijo Salmorán. También hay casos en que los gobiernos no tienen un sustento ideológico pero se caracterizan por impulsar prácticas para concentrar el poder.

Presentación “Populismo y autocracia” de Guadalupe Salmorán en Ciclos CAP.

Populismo y erosión de las democracias

Hay cierto potencial antidemocrático en el populismo cuando se margina a minorías políticas. “En democracia ningún adversario debe ser tratado como un enemigo”, dijo la investigadora. 

Esta es una de las características más peligrosas de las formas de gobierno populista, destacó la experta, ya que el pluralismo político es indispensable para la existencia misma de la democracia.

En diferentes estudios e informes publicados se advierte sobre el deterioro de las democracias a nivel global, comentó la especialista. Un desgaste que, contrario a lo que sucedió con frecuencia en el pasado, ya no se suele dar mediante golpes de Estado empleando a las fuerzas armadas sino alcanzando por medios democráticos el poder para luego desmantelar las instituciones desde el poder, refirió Salmorán.

Captura de la presentación “Populismo y autocracia” de Guadalupe Salmorán en Ciclos CAP.

La democracia requiere de un conjunto de presupuestos institucionales y jurídicos empezando por la vigencia del Estado de Derecho, es decir, el respeto a los derechos y libertades fundamentales como la separación de poderes, destacó Salmorán.

Para que una democracia sea considerada como tal el poder político debe estar limitado y deben garantizarse elecciones libres, periódicas y competitivas. Para esto se requiere la división real de poderes y, a menudo, los gobernantes populistas intentan alinear a las cortes y los congresos a la voluntad del Ejecutivo que presiden y anular la independencia en las entidades de control como los entes electorales o las encargadas de fiscalizar el uso de los recursos del Estado, sostuvo.

El ascenso de las autocracias

El concepto de autocracia se refiere a los regímenes políticos en los cuales una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad. 

La retórica populista de concentración del poder en un solo dirigente, que reúne el favor del pueblo sin intermediarios, puede derivar en una autocracia en los estados con instituciones débiles, explicó.

A partir de la retórica populista, las voces disidentes son anuladas. Un líder populista se arroga el poder de hablar en nombre de ese pueblo, señaló Salmorán. “Muchas veces este discurso es acompañado de aspiraciones de refundación de la democracia, en donde los populismos tienen una tendencia a concentrar el poder en el Ejecutivo”, agregó.

La mayoría de procesos de erosión democrática actuales no se dieron a partir de golpes de Estado sino mediante procesos progresivos e, incluso, a través de instrumentalizar el Derecho para hacer un uso faccioso del poder, destacó la especialista. 

“Un régimen puede ser denominado como autocrático cuando hay una manipulación, alteración y violación de las reglas del juego democrático”, manifestó.

La erosión democrática se da dentro de los gobiernos de corte autoritario con la anulación de la separación de poderes, el debilitamiento del pluralismo político y el hostigamiento a opositores y prensa independiente, concluyó la jurista y politóloga Guadalupe Salmorán.

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