La democracia capturada por la vía electoral

El politólogo Luis Mack contextualizó el sistema político guatemalteco, sus motivaciones históricas, sociales, culturales y económicas con el fin de preservar un Estado patrimonialista, ineficiente e incapaz de cumplir con las responsabilidades más básicas de la ciudadanía.

Redacción CAP

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La mentira fue el punto de partida para la creación de muchos Estados latinoamericanos, afirma el sociólogo y politólogo guatemalteco, Luis Fernando Mack. Naciones jóvenes, a inicios del siglo XIX, se imaginaron modernas y estables históricamente. Adaptaron constituciones liberales, de otros países, para llevar a cabo el contrato social con sus ciudadanos. Aunque en esencia, Latinoamérica carecía de los procesos políticos e industriales que forzaron la democracia en las naciones europeas.

“El problema de nuestro sistema político desgastado inició hace dos siglos. Todo se derivó de la mentira”, explica Luis Mack, expositor de la tercera sesión del Ciclo de Actualización para Periodistas (CAP) en temas electorales.

Para reforzar esta afirmación, Mack cita a Octavio Paz, en su libro El laberinto de la soledad, cuando dice: “La mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente, el daño ha sido incalculable y nos alcanza en zonas muy profundas de nuestro ser, nos movemos en la mentira con naturalidad”.

El politólogo agrega que, además, vivimos en una anomia social. Es decir, en la contradicción constante entre lo que debe ser y lo que al final se hace. La anomia se refiere a la gente que vive fuera de lo legal,  a las personas que se manejan fuera de la ética o la moral.

Pero a veces son los propios Estados los que producen anomia. Estados que fundamentalmente no cumplen con sus obligaciones básicas y violan los derechos de la ciudadanía, incumpliendo incluso con sus propias normativas. “Esto es algo grave”, dice Luis Mack y se pregunta “¿Quién nos defiende de un Estado que produce anomia?

Tradicionalmente en los Estados de América Latina se nombra a la anomia como la falta de voluntad política o como el problema de algún gobernante particular. Sin embargo, la anomia es algo más sistémico. No es una violación coyuntural de normas, y no es problema de las personas. Es una situación duradera que básicamente se desarrolla como un “caos controlado”. Un caos que no se logra entender pero que tiene lógicas propias de ordenamiento que configuran  a una sociedad y a un país.

El Estado como productor de anomia fue el tema central de la exposición del politólogo Luis Mack.

Para Luis Mack esta es una de las características de nuestros países. “Como somos ciudadanos por decreto, pero no en la realidad, muchas de las personas en Latinoamérica nos acostumbramos a que existe una cultura de la transgresión”, dice. Aunque la ley diga “se acata”, en realidad esto no se cumple. La trasgresión es cotidiana. Pocos creen en las normas. Incluso quien las desafía y se salta las prohibiciones es considerado “audaz e inteligente”.

Cuando esta lógica trasciende al plano social, la transgresión se desarrolla mediante redes de corrupción. En los casos de cooptación del Estado lo que hay son personas que tienen el poder real aunque no sean funcionarios.

Esta configuración social de anomia repercute directamente en las leyes que produce un Estado. En muchos países latinoamericanos esto se refleja en la ambigüedad que prevalece dentro de la creación de disposiciones legales. Mack señala que, en muchos casos, en países como el nuestro, quien interpreta la ley puede hacerlo a su voluntad, sabor y antojo.

Las y los periodistas CAP escuchan cómo se caracteriza el sistema político guatemalteco.

Esta anomia produce además crisis institucionales. Entidades del Estado creadas para poner en marcha distintas normativas pero que al mismo tiempo son incapaces de llevarlas cabo. Por eso las instituciones suelen ser débiles, duplicar funciones o trabajar con marcos legales obsoletos.

“Existen un montón de entidades públicas que están diseñadas para fallar, especialmente en el ámbito de las políticas sociales. Pero hay otras que están ligadas al control económico, por ejemplo el Banco de Guatemala, que es una institución de primer nivel, que funciona porque así le interesa al poder económico. En la anomia también se marca la desigualdad”, comenta el expositor a las y los periodistas del CAP.

Estos escenarios también configuran el sistema político. El ambiente está diseñado para producir anomia. Desde el presidente hasta alcaldes y diputados. Jueces y magistrados. La mentira y la contradicción sistémica los alcanzan a todos. Y sus actuaciones corresponden a un círculo vicioso que tiene un origen histórico, social, cultural y hasta económico.

“Cuando el dinero corrompe la política se captura el Estado”, dice Mack. “Los efectos son muy graves para la democracia. Hay sectores económicos que buscan ampliar sus privilegios mediante la utilización de funcionarios públicos. No se trata de una búsqueda por ampliar el respeto a los derechos de todas las personas, sino de alcanzar la protección del Estado solo para unos cuantos. Y a partir de ahí se constituyen las instituciones extractivas”.

Mack cita el libro Porqué fracasan los países: “Existe una fuerte sinergia entre las instituciones económicas y las políticas. Las instituciones políticas extractivas concentran el poder en manos de una élite reducida y fijan pocos límites al ejercicio del poder”, sostiene, haciendo una analogía con lo que ocurre en Guatemala.

Cuando se sintetiza este problema como una consecuencia directa de la anomia, se comprende la existencia de los personalismos o los caudillismos dentro del Estado y dentro de los partidos políticos. Los caudillos procuran la vigencia del caos ordenado desde lo social y político, y buscan que la contradicción sea siempre el motor de todo el sistema.

Aunque no es tan obvio como antes, dice Mack, en países como el nuestro aún sobreviven “los reyes sol”, que se multiplican en función de la anomia del Estado y se constituyen como personas que se colocan por encima de las instituciones.

Cuando el dinero corrompe la política se captura el Estado, explica Luis Fernando Mack a las y los periodistas que participan en el CAP Electoral.

Muchos funcionarios dicen querer cambiar el sistema, terminar con el patrimonialismo y con los “reyes sol” pero una vez en el poder, todo cambia, afirma el facilitador.

Es como si estuviéramos delante de una escena de la película El señor de los anillos, dice Mack: Todos tienen como misión destruir el anillo pero al llegar el momento de la verdad -cuando hay que cambiar las cosas- es decir, cuando hay que tirar el anillo, no se atreven, se retractan y se adecúan a la anomia del sistema, explica el expositor.

“El producto de toda esta dinámica es la corrupción, que es sistémica y que está incrustada en todos los niveles institucionales, con redes familiares, vínculos políticos y crimen organizado, todos en conjunto interesados en que nada cambie y en mantener capturada la democracia por la vía electoral.