El periodismo frente a la emergencia climática

Cuando se hace periodismo sobre la crisis climática, las y los periodistas deben ser responsables en la manera de informar. Una gran parte de nuestro trabajo es vincular y explicar los eventos que suceden en el contexto de la emergencia del clima, explicó Nina Lakhani, periodista del diario The Guardian, quien durante varios años fue corresponsal de ese medio en Centroamérica y México.

Redacción CAP

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Hubo un tiempo, a mediados de los años noventa en Estados Unidos, en el que se empezó a comprender que los sectores más empobrecidos eran los que más sufrían las consecuencias de los cambios en el clima. Si había una inundación, un tornado, un huracán o un terremoto, las personas más necesitadas no tenían las mismas oportunidades para sobreponerse.

“A eso se le llamó injusticia climática y racismo ambiental”, dijo Lakhani durante la doceava sesión de los Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP). “Fueron términos necesarios para explicar cómo las comunidades más pobres y la población indígena y afroamericana son las más afectadas por los efectos del calentamiento global”, afirmó.

Lakhani tiene una amplia experiencia en coberturas sobre migración forzada, historias de las víctimas de la guerra contra las drogas, criminalización y violencia en contra de las personas que defienden la naturaleza y sus territorios. En los últimos años ha reportado sobre las amenazas naturales y la emergencia climática. 

¿Qué ver? ¿Cómo contarlo? ¿Qué importancia tiene hacer las preguntas correctas? ¿Por qué es necesario darle voz a las personas que viven de primera mano los efectos del clima? fueron algunas de las interrogantes que Lakhani planteó a las y los periodistas participantes en el CAP.

“Centroamérica”, dijo, “es una de las regiones más vulnerables al cambio climático. Las amenazas son cada vez más frecuentes. Debemos entender que se vive una crisis climática en la región y que sus impactos son evidentes”. Por eso, para Lakhani, el periodismo tiene un rol más que importante, que no es únicamente el de documentar sino también el de vincular y explicar los eventos que suceden en el contexto de la emergencia climática global.

“Las y los periodistas debemos ayudar a la ciudadanía a entender lo que están viviendo en sus comunidades en el marco de la crisis climática”, señaló. Se debe informar sin perder de vista a los grupos y personas más afectadas. Tenemos que explicar en nuestros trabajos periodísticos las razones estructurales de la desigualdad y sus impactos, que a la vez producen vulnerabilidad. Y analizar, también, las respuestas que se dan para ayudar a las personas, porque, dijo, nunca las salidas son iguales para todos.

“En la crisis climática y la injusticia ambiental, no hay historias fáciles. La crisis climática impacta a todo nivel: familiar, comunitario y regional. Tanto en términos de salud, de economía y de desarrollo. Por eso es necesario conectar los desafíos, las desigualdades y las respuestas adecuadas”, indicó.

Las historias de la gente

Tomando en cuenta sus años de experiencia como reportera, Nina Lakhani destacó además la manera en que un evento fuerte puede impactar la salud, tener efectos a largo plazo en comunidades y regiones y afectar el ámbito económico, en términos sociales y de contaminación. Al realizar coberturas relacionadas a las emergencias climáticas, las preguntas a responder por parte de las autoridades no deben ser complacientes, dijo, sino enfocarse en cuestionar el trasfondo, con el objetivo de no publicar información falsa.

Confiar en la gente, en sus historias, respetar sus condiciones y su apertura, fue otro de los elementos que Lakhani enfatizó como herramientas para poner en práctica desde el periodismo.

“Las comunidades y los pueblos indígenas han sufrido siempre racismo estructural. Y por eso es necesario dar espacio al análisis sobre los impactos de la crisis climática en los pueblos originarios y en sus formas de enfrentarla. Es importante buscar fuentes entre las comunidades afectadas y en los grupos de base e incluirlos en nuestras coberturas”, señaló.

El contexto de América Latina es uno de los más peligrosos para los actores que defienden los territorios, sostuvo la periodista. El sistema está configurado de tal manera que antes de priorizar la vida o los recursos naturales se defienden las utilidades económicas y los negocios. Lakhani ha visto esta dinámica injusta de primera mano. “Las élites que buscan defender sus ganancias, criminalizan a las comunidades y a los pueblos. La impunidad de los crímenes contra las personas defensoras es una garantía para los agresores”, aseveró.

De hecho, un patrón que se repite en toda Latinoamérica son las campañas contra las comunidades en resistencia, donde se replican las prácticas de la contrainsurgencia. La periodista relató cómo los poderes económicos detrás de megaproyectos, se instalan en una región y poco a poco empiezan a implementar tácticas de división comunitaria, configuradas por el desprestigio, la represión e, incluso, los asesinatos. “Esto lo usan para neutralizar la resistencia e imponer proyectos sin que haya complicaciones con las leyes nacionales e internacionales”, indicó. 

El poder de la criminalización

Pero el entramado de poder es mucho más complejo, ya que implica al crimen organizado, a funcionarios públicos, alcaldes e, incluso, a los medios de comunicación. Hay, de hecho, instituciones del Estado que criminalizan a quienes defienden sus territorios y la naturaleza. Y prensa que acusa a los defensores y defensoras de derechos humanos de ser “anti-desarrollo” y los etiquetan como “terroristas” o “contrarios a la energía limpia”, señaló Lakhani.

Como periodistas, lo más importante es mantener atención a los discursos, a los intereses de las fuentes que se consultan. “Cuando un fiscal o un empresario habla sobre un conflicto comunitario hay que hacer más preguntas. Hay que ir más allá. Siempre se van a encontrar diversas opiniones en las comunidades. Pero hay que estar alertas sobre las tácticas que se están utilizando para reprimir resistencias justas de las comunidades”, explicó.

El buen periodismo

Las miradas de los periodistas en los contextos de emergencias climáticas son esenciales para comprender con más profundidad la problemática y los reclamos de derechos. Entonces, ¿cómo se cuentan las historias para destacar el impacto de la crisis climática? reflexionó Lakhani.

Las realidades de las comunidades afectadas son algo esencial para destacar. Qué ocurre alrededor de una comunidad. Dónde están los impactos. Cómo se mide la vulneración de los derechos de las personas, son preguntas que hay que responder.  

Puede haber disminución de la pesca, inundaciones frecuentes, sequías más largas e intensas, lluvias interminables, carencias de agua, enfermedades, erosión del suelo. A todo eso hay que prestar atención para hacer un mejor periodismo sobre injusticias climáticas, indicó.

Lakhani añadió un elemento más: “Es importante conectar las realidades con la parte científica. Por ejemplo, con las emisiones de gases invernadero, con el aumento del nivel del mar y de la temperatura. También es muy importante hacer la relación entre el calentamiento global y la política” Y para esto es central consultar a fuentes calificadas.

Ante la crisis climática, como dijo la expositora, el buen periodismo no es simplemente dar la palabra a dos personas con perspectivas distintas. “Eso no es la objetividad”, afirmó. La responsabilidad ante las injusticias provocadas por el cambio en el clima está en investigar, hacer análisis y no dar espacio a información falsa, ni replicar un discurso de criminalización contra la gente.

Lakhani dijo que el periodismo, en el marco de la emergencia climática, puede ayudar a combatir la impunidad con que operan las empresas multinacionales con sus emisiones de gases de efecto invernadero y su afán de enriquecimiento, que vulnera los derechos de comunidades y de las personas que defienden la naturaleza. 

Fiscalizar a las élites políticas y económicas y a los gobiernos e instituciones del Estado que, en muchos casos, permiten y favorecen la contaminación y la criminalización, es hacer buen periodismo, concluyó.