Sistemas de Salud Pública: El corazón de un país frente a la pandemia

Foto: Luis Sajché / No-Ficción

La premisa es esta: Ante una pandemia no hay nada más importante que un Sistema de Salud Pública fuerte y funcional. Los sistemas de salud pública son el corazón de la red institucional sanitaria de un país y constituyen un bastión para defender la vida de las y los ciudadanos.

Redacción CAP

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“La salud pública es lo que nosotros como sociedades hacemos para que las personas puedan estar, sentirse y mantenerse saludables”, dijo la doctora Karin Slowing para explicar a las y los periodistas del CAP cuáles deberían ser las respuestas estatales ante una emergencia como la de Covid-19. “Deberían ser sistemas organizados, con una función y enfoque social, que puedan manejar las condiciones para establecer cambios en la forma en que se transmite un virus”, explicó.

Sin embargo, en la práctica, los Sistemas de Salud de muchos países han sido abandonados. No están fortalecidos y, por lo tanto, su capacidad de reacción ante una pandemia es limitada. “Hay fallas estructurales, sistémicas e históricas en Centroamérica que han debilitado la función principal para el control de enfermedades y esto compromete la salud colectiva”, afirmó Slowing.

Una ventana de tiempo que no se aprovechó

El nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, surgió en la ciudad de Wuhan, China, muy lejos del continente americano. Eso dio un pequeño margen de tiempo a países como los nuestros para poder evaluar los contagios, la forma y velocidad de propagación del virus y prepararse ante la llegada de la pandemia.

La Covid-19 ingresó a Europa pocas semanas después que apareciera en China; a Estados Unidos entró un mes después y a Centroamérica tres meses más tarde. Los Sistemas de Salud de muchas partes del mundo iniciaron protocolos con el fin de proteger a sus ciudadanos aprovechando ese tiempo de gracia.

En el caso de Centroamérica transcurrieron 8 semanas después de la aparición del primer brote en Estados Unidos. Los portadores fueron personas que viajaron en vuelos comerciales desde Estados Unidos y España. Se tuvo este tiempo para tratar de pensar en una contención adecuada, para que los gobiernos detectaran las debilidades de los Sistemas de Salud y para adecuarlos a las necesidades de la pandemia. 

Aún así, como explicó  la doctora Slowing, el chip del autoritarismo, instalado por décadas de conflictos armados en la región, fue la primera respuesta de los gobiernos de los países del norte de Centroamérica ante la llegada del virus. “Fue más fácil usar medidas autoritarias que pensar en medidas democráticas e integrales para atender la emergencia. Las autoridades desvirtuaron el papel de la salud pública y de la epidemiología y pusieron los intereses económicos por encima de la vida de la gente”, afirmó.

Para Karin Slowing uno de los temas centrales que no ha sido abordado con eficacia en la región es el del manejo de  los datos. “Si no hay un buen diagnóstico sobre una epidemia, si no hay información precisa, si no se realizan pruebas suficientes, no se pueden tomar las decisiones correctas”, sentenció.

El origen de las respuestas

Durante la tercera sesión del CAP, la doctora Slowing explicó que los Sistemas de Salud surgieron hace más de 200 años y se fundaron en base al miedo que producen las pandemias. La gente observaba la forma en que se puede expandir una enfermedad, contagiando grupos humanos enteros, en distintas regiones y eso les alarmó.

Al analizar y tratar de entender todos los fallecimientos a causa de una sola enfermedad, las formas de contagio, la insalubridad de la basura acumulada en las calles y la convivencia de los humanos con algunos animales, se dio la necesidad de una intervención pública por parte de las autoridades. Al principio, durante la época medieval, se optó por medidas de cuarentena y también se aplicaron cordones sanitarios con el propósito de que un virus no pudiera transmitirse. Es decir, se puso en práctica el aislamiento social.

“Salimos de una concepción mágica y mítica para pasar a una visión centrada en la evidencia”, indicó Slowing. “Durante muchos siglos, la comprensión de la cualidad de las enfermedades estuvo ligada al campo de la creencia, la superstición y la religión. Muy lentamente la salud pública se fue transformando en una disciplina y luego tuvo una función social”, acotó.

Los Sistemas de Salud se crearon formalmente hasta el siglo XIX, cuando en la época de la industrialización se dieron saltos cualitativos en el aspecto científico para tratar una pandemia. Durante el Renacimiento y la Ilustración surgieron los primeros esfuerzos desde el sector público que tuvieron resultados en el control de las enfermedades, como ocurrió con la peste negra. Este fue el origen de respuestas más estructuradas, con planificación e incluso presupuestos.

Entonces, dijo Slowing, los Sistemas de Salud iniciaron con enfoques más colectivos, con una búsqueda activa y entendimiento de los fenómenos sanitarios para procurar la salud de toda una comunidad. Estas iniciativas públicas necesariamente se apoyaron en los avances técnico-científicos sobre la salud. Y muchos médicos empezaron a entender la salud más allá de lo individual y se especializaron en la salud de grandes colectivos.

Desde entonces, “se vigila el comportamiento de las enfermedades y cómo afectan a los individuos. Y estos datos se utilizan para crear alertas tempranas. Se evalúan los impactos de los desastres naturales. Se analizan las capacidades que se tienen ante una epidemia. Y se toman decisiones”, explicó la doctora Slowing quien además de ser médica y cirujana tiene una maestría en Salud Pública para países en Desarrollo.

Las otras crisis

En la salud pública si no hay un buen diagnóstico sobre la epidemia no se pueden tomar las decisiones correctas, reiteró la doctora Slowing. Y en Centroamérica los gobiernos han gestionado la pandemia con acciones incluso contradictorias, priorizando los factores económicos sobre la salud. 

La vigilancia activa tampoco ha generado datos adecuados para la toma de decisiones. Con excepción de El Salvador, donde la proporción de contagios es menor en comparación con Guatemala y Honduras, las medidas de aislamiento por parte de los gobiernos no han sido las más adecuadas. En los tres países hay problemas de subregistro, de opacidad y falta de transparencia, señaló la especialista.

Esto agudiza la crisis y afecta considerablemente la estructura de los sistemas de salud, porque ante la corrupción peligra la gestión de compras de los insumos necesarios para enfrentar la pandemia y se pone riesgo a todos los servicios de salud.

Slowing ve una de las mayores debilidades en torno al ambiente laboral del personal médico que enfrenta a la COVID-19, ya que al no haber una coordinación integral entre todas las dependencias que conforman el sistema público, se generan anomalías en los contratos y el pago de salarios, lo que crea inestabilidad. Además de que el personal sanitario puede contagiarse y fallecer por no contar con la protección adecuada. 

“El recurso humano central que es el que enfrenta a la pandemia se nos está muriendo. Tenemos que cambiar la lógica de salud pública para enfrentar una segunda ola de Covid-19”, indicó la doctora. “En los sistemas de salud de los países de Centroamérica, las oportunidades laborales han sido cedidas al clientelismo político. Los puestos no se les dan a los salubristas sino se pagan facturas de campañas”, remarcó.

En nuestros países, el financiamiento de la salud sigue siendo precario e insuficiente. Se prioriza la atención hospitalaria, porque sirve para el discurso de los políticos ante la población, pero se deja en segundo plano la atención primaria en salud, que es parte fundamental de la estructura y que tienen contacto directo con las comunidades rurales.

La doctora Slowing recomienda, sobre todo, tener una rectoría bien fortalecida dentro de un Sistema de Salud. Aboga porque haya coordinación entre los ministerios y sus dependencias administrativas y que esto no quede solo en papel, sino que tenga una operatividad funcional y pragmática, que se trabaje de forma armonizada. “Las finanzas pueden ser el talón de Aquiles de un Sistema de Salud pública. Si no hay entendimiento entre las decisiones gubernamentales y el personal administrativo, los fallos políticos son catastróficos”, indicó Slowing.

Además de la Covid-19

Un Sistema de Salud que gestiona una pandemia tampoco puede dejar de lado los demás servicios que se prestan a la población. “Es parte de sus funciones principales. Lo que realiza normalmente no puede ser descuidado por la prioridad de una pandemia, que además tiene bajos índices de letalidad”, dijo Slowing.

La doctora se refiere a la atención integral en Salud y al descuido que se ha evidenciado en otras áreas prioritarias como la vacunación de la niñez, la atención de la desnutrición y los servicios a pacientes con enfermedades crónicas, por citar algunos ejemplos.

“Para que estas condiciones se den, los Estados deben invertir en el estudio de los fenómenos sociales y los comportamientos de las enfermedades dentro de un territorio. La formación y el análisis constante de los contextos sociales dan herramientas claves para una reacción apropiada por parte de la salud pública”, indicó.

Finalmente, Karin Slowing se refirió a las crisis múltiples que enfrentan los países del norte de Centroamérica. Con gobiernos autoritarios y frágil institucionalidad, las y los ciudadanos de Guatemala, El Salvador y Honduras no únicamente luchan contra una pandemia, al mismo tiempo deben combatir la corrupción, los intentos de captura y cooptación de las instituciones públicas, el individualismo y las distintas formas de economías de acumulación, sentenció.