La movilidad humana centroamericana

El drama migratorio de Centroamérica está configurado por la pobreza, la violencia, la falta de educación y de servicios de salud, además de la corrupción y la impunidad. Todo en conjunto forma parte de las causas estructurales de la migración hacia los Estados Unidos.

Redacción CAP

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En tanto Centroamérica observa el colapso democrático de sus naciones, miles de personas, como efecto colateral, huyen del hambre, la violencia, la inestabilidad política y el Cambio Climático. Cada vez hay más migrantes moviéndose hacia Estados Unidos. Y en muchos casos, salir de Centroamérica es la única opción que queda para cientos de familias que buscan tener algo parecido a una vida digna.

“El drama humano como consecuencia de las migraciones cada año es más grave. La pérdida de vidas en el camino, la separación de las familias, las deportaciones masivas, los crímenes y las masacres, las propiedades e inmuebles que se pierden y las deudas que se adquieren para financiar el viaje -que siguen ahí aunque las personas vuelvan como deportadas- son parte de este drama que se vuelve insostenible”, dijo la doctora Ursula Roldán, directora del Instituto de Investigaciones y Proyección sobre Dinámicas Globales y Territoriales de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, para iniciar la sesión número dieciocho de los Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP).

A partir del 2017 se intensificaron los retornos de migrantes hacia Guatemala, Honduras y El Salvador, principalmente por los tiempos políticos de EE UU y como consecuencia directa del gobierno de Donald Trump y sus políticas anti-migratorias. En 2020, aún en pandemia, fueron retornadas a Centroamérica 93 mil 147 personas. 

Los flujos migratorios, debido a las fronteras cerradas para evitar la propagación de contagios de la COVID-19, disminuyeron considerablemente el año pasado, señaló la especialista. No obstante, dijo, “las causas estructurales de las migraciones de Centroamérica no han cambiado en absoluto, a pesar de la pandemia”.

Causas históricas

En la región, las causas estructurales de la movilidad humana tienen décadas de estar vigentes. Rasgos coloniales que han configurado una desigualdad histórica y que han producido, sobre todo, un modelo de desarrollo dependiente. En esta sesión del CAP, Ursula Roldán hizo un recorrido sobre las coyunturas más relevantes de las últimas décadas que permiten comprender las migraciones desde Centroamérica. Mencionó los Conflictos Armados Internos, que se dieron entre 1960 y 1990, con crisis agudizadas por factores externos. “Los Procesos de Paz brindaron esperanza pero con el paso del tiempo han frustrado el presente y el futuro”, aseguró.

Al mismo tiempo, las políticas neoliberales y los planes de ajuste estructural, impuestos por organizaciones internacionales como el FMI, derivaron en políticas de privatización que debilitaron a los Estados. “Esto produjo un poder económico afianzado en el estatus quo, que junto a la privatización y al debilitamiento de los servicios públicos, repercutieron en la pobreza y pobreza extrema en sociedades tan desiguales como las centroamericanas”. A esto  se suma, en décadas más recientes, la corrupción e impunidad que se traducen en “democracias incipientes, débiles y cooptadas”, explicó Roldán.

Con el paso del tiempo, señaló la investigadora, Guatemala pasó a ser un país de origen, tránsito, destino y retorno para las migraciones; mientras que El Salvador y Honduras se convirtieron en países de expulsión y retorno. Nicaragua es un país de expulsión, principalmente hacia el Sur y Costa Rica y Panamá son países de destino, afirmó.

Las migraciones en Centroamérica han tenido varias evoluciones. Durante una primera etapa, se dieron movilizaciones desde las áreas rurales hacia las ciudades. Luego se dio una segunda fase que tuvo motivaciones principalmente económicas. Esos flujos migratorios hacia EEUU se dieron durante los años 80 y 90. Ursula Roldán, sin embargo, detecta un gran cambio desde el año 2000 respecto de las motivaciones para migrar. Según la experta ahora se dan causas mixtas: “el factor económico, la reunificación familiar, las violencias en los países y la vulnerabilidad frente al Cambio Climático”.

El efecto económico

Uno de los efectos centrales de la dinámica migratoria desde Centroamérica es la sostenibilidad de las economías de países como Guatemala, Honduras y El Salvador a través de las remesas. Estos dineros que envían las personas migrantes a sus familias ocupan un lugar destacado en el Producto Interno Bruto (PIB) de sus países y en 2020 superaron largamente la inversión extranjera directa.

Las remesas, además, conforman gran parte de los ingresos familiares y constituyen una especie de fondo salarial para las familias. Roldán dijo: “Las remesas fueron entre 2005 y 2015 el segundo rubro de los flujos de financiamiento de los países y siguen en incremento”.

A nivel local, en las economías familiares, las remesas se están convirtiendo en el único ingreso económico. Ante la falta de trabajo, el poco acceso a la educación, las y los migrantes sostienen a las familias que dejaron atrás. 

Pero además, como explicó Roldán a las y los periodistas del CAP: “Hay un superávit de fuerza de trabajo de los países centroamericanos versus un crecimiento anual de puestos de trabajo en los EE UU que no se logran cubrir con la mano de obra local. Estamos también cubriendo una problemática estadounidense”, afirmó.

Cuando se consulta a las personas sobre las razones por las que migran hacia los Estados Unidos, aseguran que en Centroamérica nunca van a salir de la pobreza, y que  si se quedan, las condiciones de hambre se pueden profundizar. “Con el ingreso que los migrantes generan en EE UU alcanza para una vivienda digna y servicios de educación para sus familias, a los que no podrían acceder al quedarse en CA”, explicó Roldán.

Las fronteras cerradas

Sin embargo, las fronteras se están volviendo cada vez más conflictivas y se está acrecentando la criminalización en contra de quienes usan los cruces fronterizos. Además, la frontera sur estadounidense se está corriendo de México hacia Guatemala. Y el incremento del éxodo migratorio y las caravanas de migrantes han exacerbado las políticas anti-migratorias.

En estos últimos años, “Las políticas de imposición de acuerdos con Centroamérica fueron amablemente aceptadas por los gobiernos del Norte de Centroamérica para congraciarse con el gobierno de los Estados Unidos, queriendo que se obviara su corrupción”, dijo Roldán. Y los países centroamericanos, a pesar de que las remesas representan solvencia económica, han iniciado campañas de estigmatización en contra de las personas migrantes, una paradoja interna en extremo injusta.

Para Roldán, el 2019 marca la crisis real de las migraciones. Su argumento lo valida en el incremento exponencial de las miles de solicitudes de refugio que se hicieron a México y Estados Unidos por parte de los centroamericanos. La violencia, el hambre, la falta de empleo, el colapso de las democracias y la corrupción configuraron este escenario, enfatiza. 

El número de inmigrantes centroamericanos en EEUU es de 3.2 millones de personas, de las cuales el 50% son mujeres. La violencia de género forma parte de las dinámicas de la movilidad humana, se lamenta Roldán: “Durante la migración, la mayoría de mujeres son agredidas, abusadas y extorsionadas por agentes policiales, coyotes, por bandas de crimen organizado y maras e, incluso, por compañeros de viaje. Seis de cada 10 mujeres migrantes son víctimas de violación en el trayecto hacia EEUU”, dice Roldán basada en datos ONU Mujeres.

Los escenarios del futuro

Con el nuevo gobierno de Joe Biden, el enfoque de la política migratoria se ha vuelto múltiple. “Están diciendo que quieren abordar las causas estructurales de la migración. Lo que implica hablar de desigualdad estructural, de la riqueza de muy pocas familias, de los homicidios, las extorsiones, la pobreza, la falta de oportunidades (…) Sin embargo, todavía hay 5 mil 600 familias separadas y más de 600 niños y niñas, que fueron separados de sus padres y madres, que no se localizan.”, dijo Roldán, y eso es un tema urgente que se debe atender.

Los escenarios posibles que se prevén para los próximos años, según la experta, son fronteras externas para comercios pero con movilidad humana reducida. Lograr un desarrollo inclusivo y sostenible, reconociendo los beneficios de la migración, o un mundo planeado y controlado por las tecnologías de la información, con menor necesidad de trabajadores migrantes, son algunas de las alternativas que están planteadas.

Roldán también fue enfática en que ante la migración irregular: “necesitamos un cambio radical de la matriz económica, social y política que transforme las condiciones de desigualdad, pobreza y violencias en Centroamérica. Es necesario revertir las campañas negativas hacia la población migrante que la criminalizan y estigmatizan”. Porque, en esencia, la movilidad humana desde Centroamérica significa “una denuncia pública y transnacional sobre el fracaso de nuestros países y de sus modelos económico y político”.