Clima, élites y crimen

En los crímenes ambientales hay historias que muestran impunidad, corrupción de las élites e ilegalidad en megaproyectos económicos. También hay grupos ilícitos que actúan en los territorios extrayendo recursos naturales y almacenando o traficando sustancias ilícitas que dañan la naturaleza e impactan en el clima.

Redacción CAP

Fotos: InSight Crime

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Las industrias que extraen recursos naturales pueden operar en el marco de la ley y contar con licencias aprobadas, bancos inversionistas, e inmensos capitales de multinacionales. Pero, al mismo tiempo, muchos megaproyectos pueden ocultar lavado de dinero, sobornos, asesinatos de líderes comunitarios y corrupción. 

“No es lo mismo el narcotráfico, de por sí ilícito, que una empresa extractiva que funciona legalmente pero que, al mismo tiempo, realiza actividades criminales”, indicó el periodista Steven Dudley, codirector y cofundador del medio InSightCrime, para explicar a las y los periodistas que participan en el CAP cómo se debe caracterizar -desde el periodismo- un crimen ambiental.

Para Dudley, los intereses de las élites y las redes político-económicas que aparecen detrás de proyectos relacionados con el medio ambiente son grandes y, por lo tanto, las probabilidades de que se cometan crímenes ambientales son altas.

Un periodista, por lo tanto, debe entender el contexto para explicar estos crímenes. En qué territorio se dan este tipo de ilícitos, qué leyes se están subvirtiendo, qué actores están participando y qué abusos se dan en contra de las comunidades afectadas, explicó. Sólo cumpliendo este primer requisito, se pueden entender las categorías de los crímenes ambientales que, en esencia, Dudley tipificó en tres: “1) extracción, 2) tráfico y 3) comercialización de flora, fauna y recursos naturales en el mercado local e internacional, de una manera ilegal para la jurisdicción local o extranjera”.

Para investigar periodísticamente los delitos ambientales, resulta fundamental ubicar estos conceptos y relacionarlos con los actores clave que funcionan dentro de estructuras legales o redes de crimen organizado. Diferenciar, por ejemplo, “cómo opera un narcotraficante y la forma de vida de un colono o campesino que solo está buscando un pedazo de tierra para sobrevivir”, es parte central a la hora de plantear un reportaje periodístico.

Teniendo este paso claro, es posible encontrar las evidencias necesarias que fundamenten un crimen ambiental. Seguir el dinero, dijo Dudley, nos lleva a entender cómo se realiza la  distribución -desde el lugar de producción hasta los puntos de concentración del contrabando- y las rutas que se utilizan para llevar la mercancía del mercado local al internacional. 

Otro punto crucial a la hora de investigar crímenes ambientales, es que las y los periodistas tengan claras las leyes nacionales e internacionales que se están violando. 

El siguiente paso es ir un poco más allá de lo evidente. Buscar lo que hay detrás de los implicados que transportan, distribuyen, realizan sobornos y corrompen a las autoridades. Las redes son más grandes que eso, explicó Steven Dudley. 

Por eso hay que explorar en lo oculto. Eso conducirá la investigación periodística hacia los políticos locales, las empresas multinacionales y los grandes terratenientes. La clave es buscar a todos implicados, recalcó.

Dudley también señaló la importancia de comprender que las redes operan bajo un esquema de nodos, que se activan y desactivan a conveniencia. Por nodos se debe entender “aquellos agentes que realizan funciones específicas en las redes criminales y cuyo papel abarca tanto actividades legítimas como criminales”.

“Hay un punto en los crímenes ambientales donde se mezcla lo legal con lo ilegal. Y ubicar estos nodos nos llevará a encontrar las buenas historias. Historias que muestran impunidad, corrupción de las élites e ilegalidad en megaproyectos económicos. Todos estos puntos de corrupción están ahí. Pero hay que entender todo el contexto antes, para luego contar las historias”, enfatizó. 

Aun cuando las fiscalías regionales y las policías cuenten con mucha evidencia o mucha prueba contra estas redes de crímenes ambientales, siempre es difícil que se haga justicia contra aquellos que los cometen, debido a que tienen mucho poder político y económico. “Es algo que el periodismo no debe perder de vista”, indicó.

¿Cómo se cuenta entonces este tipo de historias? ¿Qué recursos utilizar? En contexto, dijo el investigador de Insight Crime, es posible buscar a las personas que han sido afectadas. “Sus historias de vida permiten entender las problemáticas “macro”. La historia de una comunidad, de una familia, o de una persona, permite conocer el problema de fondo que es más general, que afecta a todos”, explicó. 

Los crímenes ambientales están presentes a lo largo de todo el territorio latinoamericano. Hay violencia, impunidad, narcotráfico, tala indiscriminada, élites que se corrompen, asesinatos de defensores, poder económico, poder político. 

Por eso, este tipo de ilícitos son difíciles de investigar periodísticamente. Pero es importante comprender que se puede aportar enormemente a cada país al evidenciar, desde el periodismo, estos fenómenos criminales, dijo Steven Dudley al finalizar su presentación.