Origen y evolución de los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad (CIACS)

El excanciller Édgar Gutiérrez habla sobre el origen y la evolución de los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos (CIACS) durante la sexta sesión del Ciclo de Actualización para Periodistas (CAP).

Redacción CAP

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El fuego se combate con fuego. La clandestinidad con clandestinidad. La ilegalidad con ilegalidad. Durante los años 80, la lógica de los encargados de la seguridad pública en Guatemala consistió en atacar a las organizaciones a las que consideraban “enemigas del Estado” y utilizar las mismas estrategias: operar de forma irregular y ejecutar misiones encubiertas.

“Aprendieron el principio del espejo”, dice el economista y analista político Édgar Gutiérrez.

De esta forma inició la sexta sesión del Tercer Ciclo de Actualización para Periodistas (CAP) en temas de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos, organizado por la Universidad de San Carlos de Guatemala, la Fundación DESC y la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, OACNUDH, con el apoyo de la Fundación Open Society.

El tema: “Origen y evolución de los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad (CIACS)”.

Durante el conflicto armado interno en Guatemala, lo ilegítimo y lo secreto configuraron gran parte del campo de batalla. Secuestros, robos a bancos, espionaje, falsificaciones de documentos, torturas y desapariciones… todas las reglas convencionales de una guerra tradicional quedaron ignoradas, sostiene el analista político y excanciller, Edgar Gutiérrez.

Los responsables de la seguridad nacional aduciendo que no tenían la misma capacidad de respuesta ante los métodos de aquellos que buscaban un cambio social por medio de las armas, se organizaron y fraguaron un contrataque que utilizaba la estructura orgánica del Estado, pero con la característica principal de operar fuera de los marcos legales.

Al principio, estos cuerpos ilegales que trabajaban para el Estado, eran temporales y casuales. Sin embargo, con el paso de los años, se volvieron sistemáticos y organizados. Misión tras misión, su interés principal ya no era la “defensa” del Estado, sino el aprovechamiento de los recursos y la cooptación de la institucionalidad en beneficio de los miembros que integraban cada una de las estructuras clandestinas.

Los CIACS iniciaron de manera informal en el Estado y evolucionaron hasta convertirse en parte del sector privado de Guatemala.

De esta forma, los Cuerpos Ilegales evolucionaron en Aparatos Clandestinos. Significa que estos grupos empezaron a funcionar bajo el respaldo jurídico de una empresa o sociedad anónima, para prestar servicios de seguridad a la ciudadanía, pero también para realizar trabajos informales, incluyendo secuestros e intimidaciones.

Evolución de los CIACS en Guatemala.

Fue así como Guatemala fue apuntalando una “cultura de CIACS” que se reflejó en las políticas de seguridad del Estado. En el uso de la clandestinidad. En los métodos irregulares. En la violencia. Y en la búsqueda constante de impunidad para controlar la justicia.

“Los CIACS son las termitas del Estado. Lo carcomen, poco a poco. Lo dejan poroso, resquebrajado”, señala Gutiérrez.

Frente a este fenómeno se respondió con la creación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

La alerta provino de la cooperación alemana en Guatemala (GIZ), que advirtió en un estudio de 2001 que el país sería un Estado criminal para el año 2020. Eso y los 24 de informes presentados por la Misión de Naciones Unidas en Guatemala (MINUGUA) permitieron entender que los CIACS eran algo verdadero en el país: redes criminales que actuaban como una corporación empresarial con vínculos en el Estado.

Por eso la CICIG tiene argumentos válidos para existir.

La Comisión Internacional inició su trabajo a finales de 2006 como un ente subordinado al Ministerio Público, con capacidades investigativas y personería jurídica dentro del país. Es una entidad enmarcada dentro del Acuerdo de Derechos Humanos de los Acuerdos de Paz, porque, “la lucha contra la impunidad, desde la ONU, tiene un enfoque de Derechos Humanos”.

“Los CIACS son las termitas del Estado. Lo carcomen, poco a poco. Lo dejan poroso, resquebrajado”.